Todo cambio vital exige un ímprobo esfuerzo si se pretende que sea madurativo. En el proceso terapéutico el cambiante y el terapeuta negocian, consciente o inconscientemente y es algo a considerar en Rapport y Alianza Terapéutica.

Aunque prefiera considerarlo un proceso mayéutico, la metamorfosis, adecuada imagen por cuanto uno se transforma en algo que albergaba en su interior, innegable como el Otoño, supone dolor y renuncia, como los cambios que experimentan los seres cambiapieles, sintiendo cada estación en sí.

Aquí es necesario dar protagonismo a las emociones menos celebradas: rabia, queja, tristeza, miedo, angustia, sorpresa… como valiosas palabras propias y asumir hasta las más bosquianas, bruguelianas y picassianas expresiones de nuestro SER.

Entonces se darán cita lo que sentimos como importante, lo que creemos que es trivial, lo que nos impulsa por repetido y lo temido por nunca dicho…

En este espiritual e inefable debate interior y exterior hay que saber y sabernos hijos, padres, hermanos con el cambiante. Como Merlines o Mentores, Eamons, Obiwanes, personajes tramontanoamanecientes, nuestra es la responsabilidad, conjunta, de lo liminal, de ser goznes entre dos mundos para que la puerta se abata sin romperse. Esos viajes merecen la pena, nunca en mejor ocasión.

Nuestra es la unicidad, nuestra la concomitancia, sabiéndonos alquimistas de algo más grande que nosotros mismos, como estudiantes, por parejas, de la KABALA, con la luminosa mirada de Atenea, el entusiasmo del privilegio de ese KAIROS…

Transferencias, Intertransferencias, Intratransferencias y Retransferencias. Sentirpensarnos Shylocks y Antonios.

Y querer perdonarnos y esperarnos.

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