Las peleas de perros,

un horror invisible

En febrero de 2017, un suceso conmocionaba a la opinión pública: en Güímar (Tenerife), concretamente en la finca rural de Hoya La Vieja, la policía nacional irrumpía para la detención de aquellos que estaban organizando peleas ilegales de perros en dicho lugar desde hacía tiempo, ese operativo policial se extendería por otros lugares de Tenerife: El Ortigal (La Laguna), y en Anaga (Santa Cruz de Tenerife).

Las imágenes sórdidas de cómo estaba dispuesto el ring, o la situación calamitosa de los perros, incluidos sus cadáveres, removían la sensibilidad de todo ser humano.

Desarrollamos dos ideas al respecto, para ir más allá del delito puntual y espeluznante cometido.

I

Todos los perros seleccionados para estas peleas están condenados a una vida de dolor y sufrimiento. Éste tiene un objetivo: servir de ocio y entretenimiento a personas que, con su práctica, demuestran una falta de empatía absoluta con los seres vivos.

Es más, disfrutan con un sadismo embrutecedor, en este caso, de la lucha, agonía y muerte de unos seres entrenados para un espectáculo denigrante. Un detalle: todos aquellos perros que no pasan esa criba, son asesinados en una planificación que sólo tiene en cuenta el interés monetario de estos delincuentes.

II

La mayoría de los casos anteriores suelen dirigirlas redes delictivas que, como pueden suponer, están abonadas a toda una pluralidad de prácticas: maltrato animal, blanqueo de capitales, pertenencia a organización criminal, tráfico de estupefacientes e ilegal de medicamentos, tenencia ilícita de armas, o robo.

El mal nunca viene solo, sino que utiliza cualquier medio para justificar un fin deshumanizador y carente de cualquier moral.

Desde aquí, pedimos una primera medida ejemplarizante, que puede realizarse si hay voluntad política:

El endurecimiento mediante el código penal

de todos los delitos relacionados con los animales

Las víctimas, en este caso, no pueden hablar:

Lo hacemos nosotros,

#SomosAnimalistas

#SomosCanarias