Noemí Santana

y el lenguaje populista

Los teóricos del movimiento populista (por ejemplo, E. Laclau) han sido, coherentemente con el s. XX, grandes admiradores del lenguaje como problema filosófico. Por otra parte, algo tan antiguo –está en el origen de la cultura occidental–, como la naturaleza y la función del lenguaje en el ágora de la polis griega. El populismo se puede comprender, desde esta perspectiva, como un movimiento que intenta hacer la revolución en el lenguaje en su construcción de ese nuevo sujeto transversal: el pueblo.

Y entender lo anterior nos debe llevar a una consecuencia no menos inquietante: el anacronismo y falta de reflexión actual de la política contemporánea, incluidos sus expertos, sobre este hecho central.

Resumiendo: comunicar política en el s. XXI no es seguir unas pautas de una comunicación industrial (mecánica y estandarizada), olvidando el nuevo ecosistema donde nos hallamos en nuestra sociedad hiperconectada –ese mecanicismo comunicativo en el que recaen muchos expertos en la Red, repitiéndose desde un espejismo que nada soluciona–.

El discurso

de Noemí Santana

El discurso de Noemí Santana –un clon estridente de su líder y admirado Pablo Iglesias– es el lenguaje populista y dicotómico que necesita dividir la sociedad, una de las estrategias más importantes de su política a largo plazo: ricos/pobres, por ejemplo, formulando este gran análisis: los ricos son cada vez más ricos, y los pobres son cada vez más pobres; corruptos/honrados, donde la clase política en el poder son parte de esa corrupción estructural que gangrena y roba al pueblo, y ellos son los grandes críticos que, solitarios frente al sistema, basado en la trama, denuncian lo que nadie quiere denunciar.

Todo vale en ese lenguaje político maniqueo y simplista para remover emocionalmente a la ciudadanía –concepto que es ajeno a la tradición populista–, y que busca unificar un pueblo en un lenguaje identificativo que atraviese cualquier clasificación sociológica.

Vuelvo a la polis griega y lo entronco con el presente: lo siento, pero Noemí Santana y sus líderes madrileños no son Protágoras o Gorgias, son simplemente populismo oportunista, los nuevos sofistas de bajo vuelo que hay que desenmascarar. La buena política del s. XXI va por otro camino, otro día hablaremos de ello.

Noemí Santana y sus líderes madrileños no son Protágoras o Gorgias,

son simplemente populismo oportunista