Nuestro vínculo

con los animales

Cada época histórica se puede analizar desde diferentes perspectivas. Les propongo ésta: comprender una historicidad es, en gran medida, comprender aquello que problematiza de forma novedosa. Un ejemplo: el capitalismo del s. XIX era un sistema económico donde las jornadas laborales interminables, las condiciones inhumanas, o el papel de las mujeres y los niños en la producción económica, no llegó a ser un problema relevante en su actualidad.

Esto no quiere decir que no hubiera críticos que ya denunciasen tales problemas, pero no se les dio relevancia social y política.

Hubo que esperar al s. XX, sobre todo en el mundo occidental, para que esas realidades fueran problemas políticos que definieron el siglo pasado. Como vemos, este criterio permite seleccionar de la abundante realidad mediática, aquello que consideramos específico y novedoso: nuestro vínculo con los animales es un problema político del s. XXI.

Record

legislativo  

En la actual revisión de la ley de protección de animales en el parlamento canario, se han recibido 250 registros de participación ciudadana: un récord legislativo. ¿Por qué? Porque este problema define una sensibilidad creciente de una mayoría social del presente, algo que siempre levantará críticas, resistencias y oposiciones numantinas de aquellos que no son capaces de verlo en su verdadera dimensión.

Esto también se refleja en algunas de las posiciones políticas: cuando algunos dicen, desde una supuesta equidistancia, que no se deben humanizar a los animales, ni criminalizar a las personas, demuestran la falta de sensibilidad y comprensión de la raíz del problema.

Es bastante más fácil: respetar a los animales como seres vivos es uno de los valores que ya están definiendo el s. XXI, de ahí el creciente rechazo de toda tradición o costumbre que vulnere lo anterior. Algunos siguen sin enterarse, o quizás, es que son anacrónicos y no lo saben.