A favor de nadie, en favor de todo(s)

Promoviendo la Con(s)Ciencia Social


A la derecha, por razones históricas y contemporáneas se la cataloga, señala, internacional y nacional, tradicionalmente, como la fuerza de la villanía en tantas ocasiones. ¿Son extremas las razones, condiciones, el grado de consideración o las conclusiones?

Si no redefinimos entre todos qué es y qué puede ser la derecha y qué pretenden sus defensores (por ejemplo, no es lo mismo el liberalismo de C’s aunque Arrimadas parece intentar centralizar y moderar ahora las propuestas, que el conservadurismo aislacionista de VOX… que el naufragio político por falta de liderazgo y corrupción de la era Rajoy…quedándonos con esa fotografía puede coartar la posibilidad de que el partido pueda cambiar) o si es necesario y/o conveniente el mantenimiento de esa dicotomía a veces tan confuso, y en muchas ocasiones peligrosa (el bushiano o macarthisiano ‘o eres mi aliado o mi enemigo’ parodiado en Futurama cuando el supestamente benigno ejército estadounidense atacaba a la Neutralidad), pues la izquierda, el centro y todos sus tonos son tan redefinibles, en esta consideración, como el marco en el que podrían tener sentido.

Arriesgamos ya perder comunicación, responsabilidad, libertad, cayendo en atomizaciones que en varias ocasiones derivan en cerrados, cronificados conflictos locales, nacionales, internacionales, civiles, ideológicos. Pueden sucederse transformaciones más o menos positivas o no. Desde sus orígenes en la Revolución Francesa y el Reinado del Terror de Robespierre. Nada que ver las propuestas proletarias de Carrillo y del González de la primera y la última legislatura, la confusión y falta de compromiso económico –y de la aún no resuelta prometida reclamación de rescate de la banca con intereses, con y sin coma…- de la era Zapatero o incluso la mutación del Partido Republicano en U.S.A. Recordemos que, en la era Lincoln se consiguió no sólo poner fin a la Guerra de Secesión sino la aprobación de la abolicionista Decimotercera Enmienda ; necesitarían, empero, un siglo para garantizar por escrito, otra cosa es la realidad político~economico~social real, el establecimiento de libertades para todos. La izquierda, especialmente la extrema, como vemos en ejemplos intra y extraeuropeos, no garantiza más ni mejor democracia (como en el aborto de gobierno por leninistas al evidenciarse por escrutinio la victoria electoral de otro partido instaurándose la dictadura del proletariado, no la república) ni las monarquías la niegan (caso de Bélgica, Noruega y Suecia, por ejemplo).

Si nos parece prudente diferenciar entre contratar a un abogado y otra no participar, en información, praxis y toma de decisiones en el proceso de nuestra propia defensa y responsabilidad, en misma lógica parece aplicable en nuestra elección de representantes políticos y/o expertos consultados y, en general, en cualquier representación y participación organizacional, institucional.

La participación política a través de partidos políticos (como el éxito del ordenamiento territorial por estados-nación, una opción entre otras, micros, macros y demás), como ciudadanos, peritos y/o cargos en distinta implicación y responsabilidad personal y social, es sólo una de las muchas formas de organización, por muy acostumbrados que estemos a ellas. La normalización, la tradición, suelen marcar la comodidad, no siempre la conveniencia y la oportunidad en cada ocasión. Otras tantas son: las asociaciones, ONG, Colegios Profesionales (como herederos de las guildas o gremios), comisiones, lobbies, grupos de consumidores, medios de comunicación, debates, referéndums o votos directos como en Suiza. La responsabilidad con nuestros representantes ha de ir en ambas direcciones.

Si escuchan mi voz -incluso si no lo hacen o precisamente por ello-, diría aquí y ahora, como por la presente escribo que, como el protagonista de Alan Moore, prefiero que los ciudadanos tengan no sólo el poder de intimar sino de intimidar al gobierno antes que la opción inversa.

Para cumplir, en la evitación de lo punible y la sencillez legislativa con los horizontes platónicos y tacitianos, habremos de considerar todos los ingredientes de la receta y decidir entre todos qué sabor y sabores nos conviene/n como sociedad. Como en otros escenarios, las claves parecen ser la transparencia, la investigación, la participación política, el compromiso, coherencia, honestidad, el evidenciar en praxis principios y tolerancia, empezando por el respeto, el debate y la mediación, la toma de decisiones conjunta, la consideración de posibilidades para la toma de decisiones y compartir ideas y percepciones, la libertad responsable… Es una guerra contra el prejuicio destructivo y a favor de la construcción, de la colaboración, de la naturaleza, con y sin mayúscula. Quizá la recompensa sea la victoria más importante de nuestra especie hasta la fecha. Está en la esencia de nuestro pasado, presente y futuro. Somos la única especie viviente conocida que puede evolucionarse conscientemente.

¿Quieres perdértelo?