Capítulo XI

Comportamiento verbal frente al micrófono

¿Ha asistido usted, alguna vez, a un acto público en el que el orador «golpea» con la voz de manera permanente el micrófono, reproduciéndose un sonido saturado y desagradable en los altavoces de la sala?

La respuesta es, muy probablemente, que sí. La calidad de los equipos de captación de audio, así como los propios de reproducción, ha evolucionado y alcanzado tan buen nivel sonoro que nuestros oídos están acostumbrados ya a distinguir una señal auditiva equilibrada y agradable frente a otra rajada, distorsionada y desagradable.

En este capítulo, le voy a orientar acerca de cómo posicionarse frente a algunos de los modelos de microfonía más habituales; esos que podemos encontrarnos en una ponencia, discurso, entrevista radiofónica o televisiva y, en general, en multitud de situaciones en las que nuestra señal de voz debe ser debidamente ejecutada.

Las principales causantes indirectas –porque el más directo responsable es el propio orador o locutor– de producir tan indeseables ruidos a través de los altavoces, son la articulación bilabial de ‘P’ (decimoséptima letra del abecedario, que representa el fonema consonántico oclusivo bilabial sordo); la articulación de ‘B’ (segunda letra del abecedario, que representa el fonema consonántico bilabial sonoro); la articulación de ‘T’ (vigesimoprimera letra del abecedario, que representa el fonema consonántico oclusivo dental sordo); la articulación del dígrafo ‘CH’ (conjunto de dos letras que representa el fonema consonántico africado palatal sordo); y, finalmente, la articulación de ‘D’ (cuarta letra del abecedario, que representa el fonema consonántico dental sonoro).

Las consonantes descritas, cuando acompañadas de cualquier vocal coinciden en posiciones de principio de palabra o de sílaba, generan un golpe de aire hacia el exterior de nuestra boca, en unos casos más que en otros, pero siempre susceptible de impactar contra la membrana del micrófono y provocar el ya citado desagrabale sonido que, mantenido a lo largo de una intervención pública o de una locución profesional, incita al receptor, al oyente o al espectador, a desconectarse e inhibirse del mensaje emitido.

O sea, se produce el efecto contrario al que una correcta comunicación debe generar. Ya sabe las causas, ahora corresponde conocer cómo evitarlas.

En el gráfico siguiente (Figura 1) pueden observarse en dos tipos de microfónos diferentes de uso habitual, el de mano o condensador y el de sobremesa, atril o megafonía, las tres posiciones más habituales que inducen a golpearlos con el aire al hablar directamente sobre su membrana de captación de audio y, en consecuencia, producir mala calidad de sonido.

A la par, se detallan tres posibilidades para evitar tales consecuencias y que, de forma simple, hacen que la voz sea recogida suavamente, con limpieza sonora, por cualquier tipo de microfonía. Manteniendo una distancia prudencial, y colocando la boca de tal manera que permita dirigir la salida del aire de forma tangencial al cabezal del micrófono -rozando los laterales superior, inferior, izquierdo o derecho- se anularán la práctica totalidad de los ruidos e impactos no deseados.

Esa misma precaución debemos tomar con los micrófonos de tipo craneal o de diadema, procurando que la membrana receptora de sonido no esté colocada a la salida frontal de la boca, sino apenas unos centímetros antes de la comisura de los labios (Figura 2).

El micrófono de solapa (también denominado lavalier) es, sin duda, por sus características técnicas y por la fijación que precisa para colocarse en el cuerpo del emisor, el sistema o modelo que ofrece más seguridad para impedir el efecto distorsionador descrito en los otros modelos  (Figura 3).

 

Por la configuración técnica, a diferencia de otros modelos de micrófonos, su uso está más extendido en ámbitos televisivos y de imagen en general, cine, vídeo, presentaciones audiovisuales, etc.; se requiere tener precaución con los posibles contactos a los que puede verse sometido con corbatas, pañuelos, collares, botoneras, broches y abalorios en general que, con cualquier leve rozamiento, producen intensos ruidos e interferencias en el sonido, nada agradables.

 

Dos elementos complementarios neutralizan estos indeseables inconvenientes sonoros de una mala actuación entre el orador o el locutor y el micrófono. Por un lado, los llamados antivientos, fabricados en diversos materiales y formas (de pelo sintético o de espuma) y que –tal y como su nombre propio indica- atenúan el viento o el aire evitando ruidos adicionales. Dado que la densidad de los materiales con los que se fabrican no solo frenan el aire, sino que también filtran y anulan ciertas frecuencias de la voz, su uso queda enmarcado en proteger micrófonos de ambiente, en  exteriores y en emisoras de radio en las que, más que la calidad final de la voz de un invitado, lo que interesa son sus declaraciones y los contenidos temáticos, con limpieza sonora y sin golpeos desagradables, aunque su voz pueda perder algunos matices sonoros (Figura 4).

Por otro lado, y dentro de un ámbito más profesional y esmerado con la captación de la voz y del sonido en general, los estudios profesionales de grabación musical o comercial, las productoras audiovisuales y los medios de comunicación que sí aprecian y miman la calidad de sus grabaciones de audio, incorporan al micrófono el accesorio llamado anti-pop (Figura 5), fabricado con una doble malla de nylon o licra y que, aunque debilitan prácticamente el impacto del aire expulsado por la boca, sí permiten el paso de aquellas otras frecuencias sonoras que los antivientos de espuma o pelo impedían atravesar.

 

Artículo anteriorRealistas con Ideal
Artículo siguienteEl Volcán del Teide
Posgraduado Universitario Máster Oficial Comunicación Digital, Graduado en Periodismo y Titulado Universitario en Teoría de la Comunicación, en Información Audiovisual y en Comunicación Corporativa. Profesionalmente como periodista, desde sus comienzos hasta hoy, ha permanecido vinculado a lo largo de treinta años a diferentes emisoras de radio, públicas y privadas. Además, realiza colaboraciones como articulista, comentarista y tertuliano de radio y televisión. En el ámbito de la docencia, es formador en oratoria y locución audiovisual en radio y televisión de periodistas, locutores, actores, profesionales de medios de comunicación y de producción audiovisual, profesores de universidad, políticos electos y candidatos, altos ejecutivos, portavoces, profesionales liberales, gabinetes de prensa,  ponentes, universitarios, empresarios...