Capítulo XIII

Inflexión sonora:

sensaciones, sentimientos y emociones

Si tuviera que enumerar bajo qué soportes fundamentales se sostiene una sólida comunicación verbal, plena de significado y esmeradamente embellecida para conseguir su razón de existir, o sea, configurada de tal manera que el mensaje llegue al receptor de manera intuitiva, comprensible y, a ser posible, de forma atractiva y entretenida, entonces, diría que esos pilares son dos, la inflexión y la enfatización.

Este capítulo desarrollo el primero de ellos, la inflexión de la voz. Una de las acepciones con las que el Diccionario de la lengua española de la Real Academia de la Lengua recoge el término, es la siguiente:

«Elevación o atenuación que se hace con la voz, quebrándola o pasando de un tono a otro».

En la inflexión, tomaremos como valor —voluntariamente manipulable— el tono, la musicalidad, el contraste sonoro que, le recuerdo, nada tiene que ver con su timbre propio de voz, el cual, quiero subrayar, no debe ser objeto de variación forzada alguna, sino que sus posibles modificaciones vendrán como consecuencia de una configuración sonora determinada de la voz a través de diversas escalas musicales, de contrastes y tonos que son los que marcarán en nuestros interlocutores, o receptores finales del mensaje, el efecto emocional o sensorial deseado.

En el cuadro 1 puede verse la representación gráfica de una curva de voz (inflexión) con marcada sinuosidad, profundas y alargadas ondulaciones que transmiten tonalidades sonoras llenas de matices musicales opuestos y equilibrados, a la vez, provocando un amplio espectro sonoro que permite imprimir al mensaje, en general, sensaciones muy positivas, desenfadadas, dinámicas, juveniles, divertidas, de cercanía y confianza personal, proyectando contenidos relajantes y alegres, a la par.

En el cuadro 2, por el contrario, la curva que representa la inflexión de la voz es menos sinuosa, con ondas sonoras provistas de menor contraste musical, más cercanas a la neutralidad o ausencia práctica de tono, de musicalidad. Esta configuración, lo que activa en el receptor del mensaje es una sensación opuesta al ejemplo anterior, es decir, lo que percibirá será mayor madurez, más rigor, una sobria seriedad, matices de elegancia y reflexión, incluso enfado si, adicionalmente, la locución se acompaña de la velocidad y el volumen adecuados a la malhumorada sensación deseada.

Conociendo los múltiples efectos y emociones que producen los diferentes niveles inflexivos de voz, usted podrá ajustar con una exquisita precisión los matices sensoriales que pretende generar en sus interlocutores, oyentes, espectadores, alumnos, público determinado, etc.

Antes de continuar le voy a revelar un sencillo pero efectivo ardid, hasta de «truco» podría calificarse, con el que poder determinar —para posteriormente activar— cuál es la inflexión sonora que debe imprimir a su voz para que sea efectiva tanto la comunicación como el objetivo final del mensaje en una comparecencia en directo o,  si procede, en una locución grabada o en vivo ejecutada para un soporte audiovisual. Consiste en autoformularse dos preguntas:

¿Qué quiero transmitir?

¿A quién?

Serán, precisamente, las respuestas a estas dos cuestiones las que le marquen las herramientas sonoras que procede activar y con qué determinado nivel de intensidad, la modulación inflexiva a utilizar, la aplicación de un volumen concreto y las habilidades técnicas  adecuadas que permitan segmentar y configurar, de la manera más precisa posible, un mensaje específico para un receptor determinado. Sin ambas respuestas, no tendría capacidad de decidir cómo usar mi voz.

Porque, con frecuencia, ocurre que tenemos un mismo mensaje para transmitir o proyectar a públicos o receptores de distinta personalidad. Por ejemplo, imaginemos que debe impartir una charla sobre su actividad profesional a universitarios de tercer año de carrera; evidentemente, no será igual que cuando tenga que hacerlo a empresarios de alto poder adquisitivo, o a personas desempleadas, o a jóvenes estudiantes adolescentes. O, en el ámbito audiovisual, si la voz en off de una determinada producción debe transmitir acción, intriga o suspense no llevará una inflexión sonora configurada para proyectar relax, confianza o simpatía. Cada ocasión requiere una inflexión definida.

Yo, tras casi treinta años de profesión en el ámbito de la comunicación y el sector audiovisual, aún me hago en cada oportunidad ambas preguntas. Sin las respuestas pertinentes, no sabría qué parámetros sonoros activar y, por tanto, incurriría en la transmisión de matices sonoros equivocados en numerosas ocasiones y, en definitiva, estaría incumpliendo la esencia de la comunicación, de la oratoria y de la locución profesional audiovisual: ser creíble, natural e intuitivo.

Existe una herramienta complementaria que afecta, directamente, a la mayor o menor potencia y eficacia del efecto emocional, sentimental o sensitivo que deseemos transmitir: la velocidad (o ritmo) con la que hablamos o leemos.

En el cuadro 3 queda, gráficamente detallado, cómo aumentar los efectos de una determinada inflexión variando la velocidad, de tal manera que si a una configuración de voz muy sinuosa se le imprime una velocidad mayor de verbalización, las sensaciones proyectadas incrementarán aquellos.

Pero si lo que se desea es aumentar los efectos que produce una inflexión más «plana», exenta de una sobrecarga musical y, por tanto, más neutra, en vez de aumentar la velocidad hay que reducirla, provocando tal intensidad en el efecto resultante que, con una mayor desaceleración, se llega a transmitir sensaciones de miedo o, incluso, de enfado máximo.

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Posgraduado Universitario Máster Oficial Comunicación Digital, Graduado en Periodismo y Titulado Universitario en Teoría de la Comunicación, en Información Audiovisual y en Comunicación Corporativa. Profesionalmente como periodista, desde sus comienzos hasta hoy, ha permanecido vinculado a lo largo de treinta años a diferentes emisoras de radio, públicas y privadas. Además, realiza colaboraciones como articulista, comentarista y tertuliano de radio y televisión. En el ámbito de la docencia, es formador en oratoria y locución audiovisual en radio y televisión de periodistas, locutores, actores, profesionales de medios de comunicación y de producción audiovisual, profesores de universidad, políticos electos y candidatos, altos ejecutivos, portavoces, profesionales liberales, gabinetes de prensa,  ponentes, universitarios, empresarios...