Capítulo XXIV-1

Atril y tribuna: Proyección corporal, gestualización

Entramos en el ámbito de la ‘Comunicación no verbal’. El uso de determinados gestos faciales y corporales, apoyando determinadas expresiones o términos verbales, debidamente estudiados y entrenados, potencia notablemente la proyección de un mensaje concreto, de una sensación especial o de una singular emoción. Y, exactamente con el mismo esmero que ponemos a nuestros ensayos orales, tenemos que acometer los propios para este apartado gestual.

Hace algunas décadas, nuestra participación en un escenario, tarima o atril, estaba limitada —desde el punto de vista de la captura de nuestra imagen a través de los medios audiovisuales de la época— a la presencia de una cámara de vídeo o televisión y un par de cámaras fotográficas en la sala, cuando lo había, que no era siempre.

Actualmente, los teléfonos móviles que prácticamente todos llevamos encima, la proliferación de emisoras de televisión y de radio públicas y privadas con cobertura en cualquier rincón del planeta, las plataformas de emisión de señal audiovisual en tiempo real (streaming), las redes sociales y los medios de comunicación digital, blogs, etc., han cambiado el orden de reparto de protagonismo en una comparecencia pública, presentación, ponencia, etc.

Ahora, estamos permanentemente focalizados por mil y un objetivos que van a proyectar nuestra imagen y nuestra voz más allá de lo que somos capaces de imaginar. Esta situación nos obliga a tener que pensar, no solo en nuestra propia capacidad de configurar y conceptualizar una determinada comparecencia, sino que de manera inexcusable debemos valorar en todo momento: qué gesto proyectar, qué postura escoger o qué movimiento ejecutar para que, cualquiera de los medios audiovisuales enumerados anteriormente, capte nuestro mejor perfil, una expresión más significativa o un especial guiño.

Todo ello, en pos de que las imágenes que de nosotros van a aparecer multiplicadas a través de mil y un terminales audiovisuales, sean las que hemos querido, expresamente, proyectar.

COLABORAR GESTUALMENTE

Nuestra implicación directa para conseguir una buena imagen personal, nos hace los responsables de tener que estudiar una pose que nos favorezca, por ejemplo, en un plano de una transmisión televisiva para un informativo; en una grabación de vídeo para las Redes; o en la foto que aparecerá posteriormente en la prensa o en la revista especializada de un determinado colectivo profesional.

Ya no somos meros objetos pasivos de la Comunicación. En absoluto. Ahora somos los protagonistas emisores de información y además, e inseparablemente, también somos un eslabón más de cualquier producción audiovisual en la que podamos salir reflejados.

Colaborar gestualmente con los operadores audiovisuales que pueden captar nuestra imagen, no solo es un acto de conocimiento profesional que dinamiza y facilita el trabajo a todos los elementos que componen una producción audiovisual, es, además, «barrer para casa», beneficiarnos nosotros mismos de la seguridad de que vamos a proyectar a nuestros receptores nuestra mejor imagen; es, en definitiva, el acto extremo de dominio telegénico que cumplirá netamente con el objetivo de nuestras comparecencias:

Que nuestro mensaje llegue al receptor de manera intuitiva, comprensible y, a la vez, proyectando nuestra mejor imagen o, si procede, la de la empresa o institución a la que representamos.

Y, exactamente igual que en los temas relacionados con la voz y el sonido verbal que hemos visto hasta ahora, esta disciplina y sus habilidades se basan en la simple aplicación de técnicas concretas y, una vez conocidas, en su posterior activación y entrenamiento. El presente capítulo, dada su amplia extensión conceptual, lo repartiremos entre varias entregas futuras.

En nuestra pasada entrega capítulo XXIII, se desarrollaban las características de aplicación de una norma de libertad creativa denominada «Nunca -1»; pues bien, esa norma ya debe estar presente, desde este momento en adelante, en cualquiera de nuestras futuras comparecencias públicas, tanto en el ámbito verbal como en el no verbal, aportando el positivo contraste, el énfasis, la singularidad, la sorpresa y la potencia visual que su aplicación proporciona. Romper con la monotonía, asombrar a quien nos escucha, provocar expectación en quien nos observa, es una de nuestras obligaciones como oradores públicos.

Un maestro de la palabra, el popular escritor, orador y humorista estadounidense Samuel Langhorne Clemens (1835 – 1910), conocido por el seudónimo de Mark Twain, afirmó: «La elocuencia es la parte esencial de un discurso, no la información». Es decir, Twain, como tantos otros —con los que comparto esta sentencia— confirma que es más relevante el «cómo se transmite» que el «qué se transmite» e incluso el «quién lo transmite».