Capítulo V

Control de la respiración

Si las diversas técnicas –propuestas a lo largo de la presente publicación– y las habilidades desarrolladas para su aplicación, las analiza usted de forma independiente, puede darle la impresión de que individualmente, en sí mismas, parecen simples, básicas y sencillas, incluso demasiado intuitivas en la mayoría de los casos.

¡Cuidado!, no vaya a caer en la trampa de pensar que, a consecuencia de esa agradecida y singular condición, puede prescindirse de cualquiera de ellas. Todo lo contario; una a una conforman los eslabones inseparables de una larga y sólida cadena comunicativa que, precisamente, con la adecuada complementación entre ellas alcanza el máximo poder de proyección del mensaje, con credibilidad, naturalidad y excelencia, o sea, que solo con la unión inseparable de todas las elementales habilidades, técnicas, matices y destrezas, usted transmitirá la calidad óptima profesional exigible.

Cualquier otra configuración distinta y parcial a la hora de conjuntar estas herramientas, debilitará nítidamente la proyección de su imagen y la del propio mensaje en sí. Esta, es la singular diferencia comunicativa entre la mediocridad amateur y lo elegantemente profesional. ¡No menosprecie una sola técnica!, ¡no baje la guardia!

Cuando se complemente la información de algunos ejercicios y pautas prácticas con cifras, tómelo tan solo como un indicador de aproximación, una marca orientativa, una tendencia que le haga acercarse lo más posible al punto óptimo de realización de los ejercicios o al del entrenamiento que proceda en cada caso.

En ningún momento es imprescindible ajustarse literalmente al número propuesto, basta con acercarse a él. Maneje así, a partir de ahora, las propuestas numéricas y las cantidades facilitadas. El sentido común, la intuición y la lógica deberán acompañar, siempre, su proceso de asimilación en los contenidos y en la ejecución de las técnicas propuestas.

CONTROL DE LA RESPIRACIÓN

El aire que usted toma es la gasolina de su motor fónico, es decir, el combustible necesario para poder generar la voz, con sus diferentes matices, inflexiones y efectos. Ese aire, bien almacenado en el depósito de su cuerpo, le permitirá contar permanentemente con la cantidad de reserva que precise y, adecuadamente repuesto a medida que se consume, le facilitará un funcionamiento equilibrado de cada una de las partes internas generadoras del sonido.

Mentalícese de que es usted quien va a dirigir su propia manera de respirar, en el momento justo, cuando así lo exija la situación y, por tanto, que no lo hará automáticamente, que es de la forma que respira cuando no piensa en ello.

Solo será en este desarrollo técnico de calidad profesional cuando deberá inspirar y espirar por la boca, y no es recomendable hacerlo en el resto de su actividad diaria. Conseguirá con ello capturar más cantidad de aire en menos tiempo y evitará los indeseados ruidos nasales que se producen cuando se toma el aire por la nariz.

Situado a pocos centímetros de un micrófono, cualquier sonido, por imperceptible que pueda parecerle, será captado por este y, en consecuencia, estropeará su intervención o grabación.

Además, existen situaciones en las que tiene que hablar a través de un micrófono sin escucharse su voz ni por altavoces ni por auriculares, es decir, sin el retorno directo de su señal de audio amplificada y procesada como, por ejemplo, en una entrevista dentro de un plató de televisión o en localizaciones en exteriores, fuera del propio medio de comunicación; en esos momentos, correría el riesgo de estar generando ruidos indeseables al paso del aire por la nariz y, desafortunadamente, con muchas opciones de no poder detectarlo y corregirlo.

Incluso, si se encuentra afectado de un simple resfriado, singular proceso que potencia notablemente las posibilidades de generar ruidos, la emisión de una señal de voz limpia resultaría casi imposible.

Compruébelo ahora si lo desea, cierre su boca, inhale profundamente por la nariz y sentirá que se genera un sonido continuo ocasionado por el aire a su paso a través de los conductos nasales, justo el que no debe incluirse en nuestras comparecencias; el micrófono lo captaría y la señal de audio resultante sería desagradable y, evidentemente, nada profesional; por supuesto, en el caso de tratarse de una producción audiovisual de carácter comercial o publicitario, el sonido grabado de su voz sería absolutamente inservible.