Para que el medio

no sea el mensaje-I

Cuando se habla de la incorporación de las TIC al sistema educativo1 se olvida a menudo, sobre todo en las enseñanzas medias, que tal incorporación va más allá de la mera compra de ordenadores, cañones o pizarras digitales. Las tecnologías de la información y el conocimiento trascienden el mero hecho de poder escribir en un blog, descargar un documento PDF, mantener una videoconferencia, etc., sino que sus implicaciones son mucho más profundas.

Afectan no sólo a lo comunicable, sino a lo económico,

lo social, lo cultural, lo afectivo, etc.

Abordar el uso de esas TIC en las aulas sin hacer una reflexión previa de lo que ello conlleva supone pasar por alto cuestiones fundamentales; como el choque entre valores, como la velocidad y el cambio frente a lo seguro e inamovible o entre la rapidez necesaria –hoy– en los quehaceres de la vida diaria y la quietud que se necesita para un aprendizaje correcto.

Gran parte de la bibliografía pedagógica centra sus esfuerzos tan solo en la descripción de estas nuevas tecnologías, en las posibilidades de tal herramienta, sin contemplar, por ejemplo, lo que significa que hoy un alumno tenga a su disposición toda una masa de información sin jerarquizar, las implicaciones que para la educación pueda tener el hecho de que las tecnologías de la información y el conocimiento sean una de las materializaciones del capitalismo tardío –o postcapitalismo–, o cómo enseñar y qué enseñar en un contexto en el que todo es cambiante, en donde lo que se usa hoy envejece mañana.

A este respecto se olvida también que los tiempos del aprendizaje no son los mismos que los tiempos laborales, es decir, un alumno no es ni debería ser un productor de nada; primero, porque en la escuela no se debe producir, sino aprender; y segundo, porque el concepto de producción nos llevaría todavía más lejos: a cuestiones tan delicadas e importantes como la de si el colegio debe formar ciudadanos, como parece que hacía hasta no hace mucho tiempo, o si –por el contrario– debe de formar trabajadores, como bien apunta Noam Chomsky (2012), dado que lo que se pretende es que el alumnado domine las mismas herramientas que hoy se utilizan masivamente en las empresas.

Ciudadanos

Trabajadores

El potlacht colaborativo del que tanto se habla en la actualidad no es otra cosa que una relectura contemporánea del concepto de colaboración empresarial o funcionarial para el que el hombre deje de ser un actuante en beneficio de la pasividad necesaria para hacer –sin saber lo que implican sus actos (valores, ganancias…)–, como bien sugiere Günther Anders (2011).

Incluso hablar de herramientas abriría otro debate muy candente en torno a lo materialmente útil, lo inmediatamente utilizable, y lo inútil, aquello que de lo que no se saca beneficio instantáneo, como por ejemplo el conocimiento de las Humanidades2. Hacer y conocer parece que se enfrentan en estas primeras décadas del siglo XXI en nuestras escuelas.

Es todo un sistema epistemológico el que está aquí en juego, o bien la sustitución de un sistema, llamémosle «tradicional» o «humanístico», por otro fundamentado en la razón tecnológica y el mito del progreso como garante de la felicidad. Así que hablar de TIC y educación es algo mucho más complejo que el hecho de poder enviar un email, hacer un vídeo y subirlo a Youtube o discutir en un foro o en una red social sobre un tema determinado.

En código

binario

Uno de los problemas está, lógicamente, en el choque generacional entre quienes enseñan hoy en las instituciones educativas y son conscientes de lo que se puede ganar con estas tecnologías, pero también de lo que se puede perder, y los jóvenes a quienes enseñan; puesto que estos últimos, en su mayoría, han crecido en un contexto absolutamente tecnologizado, es decir, para ellos no hay más que lo que ven en una pantalla. Las posturas, por tanto, son varias.

O bien se mira sólo hacia delante y se oculta que la interpretación y lectura del mundo no se realiza únicamente en código binario; o, por el contrario, se intentan defender y conservar algunos valores que antaño fueron fundamentales y que hoy:

Por ignorancia, persuasión, moda y mercado,

parecen olvidarse


1 Véanse García Linares, J. M. (2012, 2013).

2 Véanse, a este respecto, LLOVET, J. (2011) y ORDINE, N. (2013).

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Reside en Tenerife, es profesor de Enseñanza Secundaria y doctor por la Universidad de Granada. Parte de su trabajo crítico está publicado en revistas como Álabe, Tonos, CLIJ o Elvira. Es autor de los poemarios Oposiciones a desencuentro (Dauro, 2007), Neverland (Zumaya, 2010), Novela Negra (Devenir, 2013), Muros (Accésit del XXXI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, Playa de Ákaba, 2014) y ha preparado El Salón Barney. Antología de poesía española contemporánea publicada en la red (Playa de Ákaba, 2014), así como la edición crítica de Tempo militante (Academia de Hispanismos, 2017), de Cayrasco de Figueroa.  Ha colaborado en medios de comunicación domo Melilla Hoy, Canarias Ahora y El Cotidiano y ha sido, junto con los poetas Antonio Revert y Ernesto Suárez, uno de los organizadores del festival Voces del Extremo Tenerife 2017.