Lo hemos advertido varias veces, pero no creíamos que se pudiera llegar hasta el último gesto que ha protagonizado en Lanzarote: el motivo era el merecido homenaje en la víspera del vigésimo aniversario de la concesión del Premio Nobel a José Saramago, único galardonado de la literatura portuguesa, que hizo de la isla conejera una historia bellísima de encuentro y descubrimiento mutuo; se hallaban allí Pedro Sánchez, Antonio Costa (el primer ministro de Portugal) y Fernando Clavijo, el presidente nacionalista de Canarias, una parte de España al igual que otras.

Éste, en medio de una posible crisis migratoria que afecta a Lanzarote, y por extensión, a nuestro archipiélago, le había pedido previamente una breve cita de 20 minutos para informarle de ese asunto, y de otros que debía saber de primera mano.

Pues no: Pedro Sánchez no tiene 20 minutos para Canarias –le da igual lo que nos ocurra aquí: él sólo tiene sensibilidad para ese tema agotador, Cataluña–.

Pedro Sánchez no sólo es un presidente al que le caracteriza una ambición desmedida, o un egocentrismo difícilmente superable –aquí está compitiendo seriamente con Pablo Iglesias, uno de sus aliados parlamentarios–, sino que está demostrando padecer un centralismo soberbio que le permite ningunear a todo el gobierno canario.

Mientas tanto, el líder del PSC, Ángel Víctor Torres, justifica una y otra vez aquello que es injustificable, y además padece de una memoria muy selectiva:

¿Q«política social» es borrar de tu agenda política a toda una comunidad autónoma, Canarias?

¿O si lo hace el PSOE significa que está justificado por motivos que no nos pueden decir?

Tranquilos, lo sabemos: ustedes son centralistas estratégicos, o sea, cuando conviene miran para otro lado; para ustedes, Canarias es prioritaria a tiempo parcial, un tiempo que se fija desde Madrid.

Cuando desde ciertos ámbitos político y mediático se preguntan por la clave de que Coalición Canaria (CC) lleve veinticinco años en el poder autonómico, tienen delante de ellos una de sus respuestas: este centralismo anacrónico y oportunista para el que Canarias es sólo un lugar de veraneo y de visita rápida con sonrisa forzada. Pero no, no nos engañan: conocemos históricamente todos los automatismos de la política centralista que el bipartidismo clásico (PSOE y PP) de nuestra democracia representativa ha ejercido casi siempre con nuestra tierra.

Sí, he dicho «casi siempre» intencionadamente: no han podido ser centralistas (PSOE y PP) cuando han necesitado el voto de CC: sí, a ver si lo entendemos de una vez, el nacionalismo canario de CC.