Peleas de gallos

espectáculo salvaje en Canarias

Todos los que defienden horrores y salvajadas en nuestra relación con los animales en el mundo suelen repetir los mismos argumentos; todos ellos también, adaptan esos argumentos al contexto donde se producen.

De este modo, acusan a aquellos que se oponen a sus prácticas injustificables de:

Falta de patriotismo, o de apego a las tradiciones y costumbres que ellos encarnan con sus espectáculos o eventos.

De insensibilidad hacia los que viven económicamente de ello.

De, muchas veces, ignorar que están, en verdad, defendiendo una diversidad biológica.

Los tres son falsos, por ello, es necesario el orden y la claridad en la exposición de nuestros argumentos: todo rechazo emocional debe ir acompañado de una razón sólida y rigurosa frente a las falacias y los oscurantismos que afloran en toda sociedad humana.

Es más, la causa y sensibilidad animalista es, junto a otras causas legítimas, esa razón ilustrada aplicada a nuestra conciencia del s. XXI. Y más allá de la postmodernidad, no podemos vivir en sociedades donde la ilustración no sea un quehacer diario, individual y colectivamente. Ya saben dónde nos encontrarán siempre.

Las peleas de gallos que sobreviven en Canarias son un ejemplo de espectáculo salvaje respecto a los animales.

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Argumentos

Se escucha en su defensa tres argumentos principalmente: los iremos abordando uno por uno.

Primer argumento cultural

Representan un espectáculo de la tradición canaria con más de trescientos años de antigüedad: una falacia, ninguna práctica cruel con los animales debe legitimarse por ese argumento de tradición o costumbre, toda acción humana es histórica y, por tanto, cambiable.

Segundo argumento económico

Se escucha en su defensa que genera una actividad económica (incluidas apuestas) donde hay gente viviendo de ello: una falacia, ninguna práctica salvaje y horrorosa legitima puestos de trabajo, si no, cualquier práctica inhumana se justificaría por generar un capital económico.

Tercer argumento biológico

Se escucha en su defensa que desaparecerían estos gallos de pelea: una falacia, los gallos seguirán existiendo menos aquellos cruces planificados desde una violencia inherente destinado a este espectáculo vergonzoso -como dicen los expertos, “no hay una raza propia, no es un genotipo específico”-.

Violencia

gratuita

Claridad, por favor, claridad: el maltrato de un ser vivo es una violencia gratuita para nuestra sensibilidad, sea donde sea. Es triste la hipocresía de la ley canaria de Protección de Animales 8/1991: un avance en la defensa de los animales frente a su maltrato y uso en espectáculos bochornosos, pero legitimando una excepción, las peleas de gallos.

Somos, junto a Andalucía, las únicas dos regiones europeas donde sigue siendo legal celebrar peleas de gallos.

Pero no, en esa Canarias no nos reconocemos: hay otra que debemos ir creando entre todos, por ejemplo, erradicando el maltrato animal. Finalizamos este artículo con una petición pública al poder político competente: la prohibición efectiva de tal espectáculo, las peleas de gallos en Canarias.

No estamos solos: lo sabemos