El pesimismo

apocalíptico

En la clase intelectual el pesimismo tiene un prestigio inmerecido. Si se identifica que un filósofo, un sociólogo o un historiador, tienen un diagnóstico hipercrítico de la realidad, comienza a crecer un aura de lucidez y profundidad que los adorna ante un gran público que se postra ante esa mirada imprescindible.

Como siempre, los anunciadores del apocalipsis tienen una publicidad inmediata que los medios potencian ante los titulares atrayentes que dan en una entrevista, o la presentación de una obra.

El pesimismo apocalíptico es, en verdad, el residuo de un nihilismo que se muestra anacrónico ante la nueva época histórica en que vivimos.

De este modo, y por bajar el terreno de los ejemplos, un pensador como Giorgio Agamben puede afirmar lo siguiente:

«El estado de excepción era un dispositivo provisional para situaciones de peligro. Hoy se ha convertido en un instrumento normal de gobierno. Con la excusa de la seguridad frente al terrorismo, se ha generalizado. La excepción, por eso se llamaba estado de excepción, es norma. El terrorismo es inseparable del Estado porque define el sistema de gobierno. Sin el terrorismo, el sistema actual de gobierno no podría funcionar. Hay dispositivos como el control de las huellas digitales, o que te escaneen en los aeropuertos, que se implantaron para controlar a los criminales y ahora se aplican a todos. Desde la perspectiva del Estado, el ciudadano se ha convertido en un terrorista virtual. De lo contrario, no se explica el cúmulo de cámaras que nos vigilan en todas partes. Somos tratados como criminales virtuales. El ciudadano es un sospechoso, numerado, como en Auschwitz, donde cada deportado tenía su número”. Y lo más grave: “Después de Auschwitz, el presente».

Entrevista a Giorgio Agamben, por Francesc Arroyo, El País, 23/04/2016

¿En verdad, creemos vivir en un estado de excepción

generalizado en las democracias occidentales?

Hay que tener mucho cuidado con las comparaciones, porque nos pueden llevar a lugares desde los que no podemos regresar. La filosofía apocalíptica es el arte de una falsa radicalidad que no afronta la complejidad del mundo.

Pero no se preocupen, Giorgio Agamben sigue viviendo en su casa de clase alta, aristocrática, de Roma, situada en el antiguo Trastévere, frente al Jardín Botánico, un lugar exclusivo de la capital italiana. Como ven, el infierno se anuncia mejor desde allí.