PoemambrosiA V1

Hibridación de dos esferas

«Del incremento al pensamiento / del pensamiento al recuerdo / del recuerdo a la conciencia / de la conciencia al deseo».  Estos versos del verbo maorí, en su tradición –encontramos desde Campbell–, parecen junguianamente invitarnos a seguir concibiendo el Huevo Cósmico –algo que en Occidente transformamos socarronamente en el kwan de la carrera entre el huevo y la gallina–.

A mis ojos, por pendiente que sea el camino -y la deuda filosófica- ladera abajo, la gallina descubre que puede volar y llega con tiempo a un tiempo con el huevo a una meta sin límites. Andaba yo errado en y con las tópicas: lo consciente no se debate y bate contra lo que no es.

La libertad de concepción nos la da una S: la que media entre el / lo que consiente, el consciente y (en la bella tradición jesuítica) con-sciente de conciencia y también, por qué no, el cociente de lo liminal entre lo uno y lo otro. Aunque sea lo más intuitivo, lo consciente no se opone a lo inconsciente; sí la jerarquía superyó / yo contra la Sombra, que no es lo puro inconsciente, sino la miscela o mezcla, cuyo testimonio es el preconsciente, en cuanto a expresión, límite y territorio.

Esta herramienta de concepción no agota lo atemporal de nuestra realidad, sólo lo hace más sencillo de concebir y peligroso de desenfocar en su mirada.

Hiper

Vamos a por el Hiper: la consciencia estriba en el grado de cons(c)entimiento. El Huevo Cósmico cosmogónico, en el folkore finlandés, japonés, heleno, hinduista, hawaiano… contiene la idea de la vorágine, el fractal, la espiral, la sección áurea… encerrada en sí misma, con límites constitucionales… hasta que eclosiona…

El Eterno Retorno, como continuum cuya amplitud de onda depende de nuestro cons(c)entimiento, del permiso que, dado a sí mismo como el honor robroyano, puede (des)envolverse en sí mismo como la seda, como un entrópico o antientrópico huevo, como el espejo que puede infinitamente reflejarse a sí mismo dependiendo de su forma y luz, dependiendo de su tamaño elegido, de su relación con otros, nunca perdiendo su esencia a pesar de su atomización o su variable tamaño, siempre según la referencia reflejada.

Como las ondas del mar y uno mismo, las onas hacen que el mar sea uno mismo y distint(iv)o, y que las fuerzas sean pasivas o activas dependiendo del foco, de la actitud.

Somos el Barón Demediado de Italo que ha de recordar lo que siempre fue, es y será, autodeterminando con ello su Carne a través de su Verbo (y vice~ver~sa), como el que supera un(a) coma, como el que asi(í~)mismo se recupera del multiforme jet-lag , así es el náufrago que se despierta soleado en ignaras co(s)tas, entre la alegría de la supervivencia y el reto de recordarse navegante… de tempestades y calmas… A incorporarse, machadamente, pues…


1 N. del E.: El término Poemambrosia evoca, de manera eufónica, un concepto de hibridación de dos esferas: la palabra habla entre el poema y la prosa. Entre la luz y su sombra. Por dos. Voz es que nace. Del tres por dos… Luenga prudencia que el sueño respeta. Del acento. Oteando atrás, empero; lento asintiendo… Con aliento… Sin asiento…