Howard Gardner

Ya lo decía el psicólogo Howard Gardner: un buen profesional no puede no ser bueno, no ser ético.

Más allá de cualquier sector profesional, la ética es importante: es lo que nos hace tener salud -sin la ansiedad de estar mintiendo, ocultando, planeando efectos de ocultación de la realidad- y la que genera confianza, la llamada solidaridad generalizada, cuyos frutos, sí, se ven a largo plazo, pero que conforman la misma esencia de la sociedad humana: el ser humano no es, comparado con el resto de los animales -e, incluso, con otros homínidos, como los Neanderthales- especialmente bueno ni escalando, ni saltando, ni corriendo, ni tiene unos grandes sentidos… lo que sí hace como ninguna otra especie es aprender y coordinarse con otros: mentir, ser antiético, no ser solidario…va en contra de nuestra propia naturaleza; lo podemos ver a lo largo de la Historia y a través de las Ciencias Sociales, gracias a todas las culturas conocidas.

La competitividad y la desconfianza acaban con los recursos, nos hace olvidar nuestro entorno y nos regala una vida misérrima.

Ciencia de la Paz

Desde la Ciencia de la Paz, aupada con el fin de evitar los desastres de todas las guerras, especialmente las que involucran escenarios a lo largo del planeta, la conciliación entre pueblos, culturas, sociedades, estados-nación, no sólo se consigue con la ausencia de conflictos, sino con un desarrollo sostenible y más equitativo para todos. La Meritocracia que se consigue con sociedades más democráticas, respetuosas con todos y con el medio natural, no sólo es ética sino conveniente: sobre la base de la solidaridad generalizada, desde la misma esencia de progreso en sociedad, todos nos beneficiamos de unas condiciones más anchas para todos: Alimentación, Vivienda, Comida, Agua, Trabajo, Derechos Humanos, Educación, Recursos, en suma.

Modelo Hiperliberalista

El Modelo Hiperliberalista se estrella contra la realidad del siglo XX y la creación de conflictos por una mala digestión de lo que debe ser equitativo, a la vez que deja a nuestra Verde Casa en un estado deplorable: el Síndrome de Diógenes Occidental de explotación de recursos, industrialización acumulativa y especulación está a la base de terminar con ese frágil estado de sosiego, paz y progreso tan celebrado por el psicólogo canadiense Stephen Pinker. Hora es ya de que aprendamos de nuestros errores y de los de otros. Estamos a tiempo. Aún…»