Una buena emocióno

significa emocionalismo

Todo presente desarrolla sus modas y sus patologías propias. Una moda intelectual que amenaza con anegar cualquier debate, es la moda neuro. Reconociendo el avance de las neurociencias en el conocimiento en directo del funcionamiento de nuestro cerebro, en gran parte, por el avance tecnológico que nos permite su visualización en tiempo real, el prefijo neurose aplica a las más variadas disciplinas (neuromoral, neuroeconomía…) con esa intención de dotarlas de un vago prestigio, más allá de la existencia de una evidencia rigurosa para muchas de sus tesis fuertes.

Si a esto le sumamos el enfoque que se ha abierto sobre las emociones en diferentes corrientes psicológicas desde hace décadas –H. Gardner y la teoría de las inteligencias múltiples; la inteligencia emocional, con autores como D. Goleman, o Salovey/Mayer–, comprenderemos esa atmósfera intelectual donde descansa esta patología: el emocionalismo.

Éste se puede definir como la legitimación de cualquier emoción, absolutizándola, por el mero hecho de serla.

De este modo, lo importante es sentir porque el estar emocionado es un estado positivo por sí mismo: hay que sentir, y si algo o alguien no te hace sentir, es sospechoso, deséchalo ya. Lo diremos claramente: una falacia y, en su afirmación acrítica, una estupidez. Dos argumentos que desmontan esta patología contemporánea:

Existen emociones positivas y negativas, que dependen siempre para su evaluación (una buena o mala emoción) de una situación y contexto determinado.

Un ejemplo, se suele decir que el miedo es una emoción negativa, y lo es en una gran cantidad de casos (fobias, complejos…), pero es el miedo como alerta ante el peligro el que nos permite sobrevivir, como saben todos nuestros antepasados en la evolución humana, o sea, el miedo también puede ser una emoción positiva en ciertas situaciones, ¿por qué? Porque nos ha permitido sobrevivir.

El segundo argumento es que el emocionalismo olvida que toda emoción está entrelazada con nuestra racionalidad, de ahí que absolutizarla nos hace más limitados, débiles y dependientes.

Dicho con claridad, no se trata de sentir por sentir, sino comprender que el ser humano es una razón emocionada, o si quieren, una trama emocional capaz de razonar y decidir desde sí mismo. Positivizar cualquier estado emocional es una forma de justificar la tiranía de cualquier intensidad, más allá de su situación y contexto. Frente a lo anterior, ahora cobra sentido el título de este artículo: una buena emoción no significa ‘emocionalismo’.

The Present from Jacob Frey on Vimeo.