España

simulacro

En los años ochenta, uno de los filósofos franceses más representativos de la postmodernidad, Jean Baudrillard, acuñó este concepto central:

«El simulacro no es lo que oculta la verdad. Es la verdad la que oculta que no hay verdad. El simulacro es verdadero».

La diferencia entre verdad y apariencia se disuelve, quedando envueltos en una hiperrealidad donde el original y la copia son lo mismo; en gran parte, esta categoría filosófica aparentemente compleja, se muestra todos los días en nuestra vida cotidiana, desde los reality, la cirugía estética o el imperio estético del kitsch.

Si ampliamos nuestra mirada histórica, los sucesivos gobiernos del bipartidismo español, han facilitado el desarrollo de un país simulacro. La tesis es ésta:

La especulación no fue solo financiera, basada en una economía orientada al sector de la construcción, sino que se fundamenta en la mentalidad social de nuestras élites políticas y económicas.

Veamos cómo: nuestras élites políticas crearon una corrupción estructural, anexa a la financiación de los partidos, donde cualquier meritocracia es anulada por naturaleza. Se han robado dinero, ideas, proyectos y, sobre todo, la dignidad de una ciudadanía perpleja que va abriendo los ojos a este espectáculo vergonzoso. Pero lo anterior no es posible, sin la complicidad de las élites económicas que son necesarias en este país especulativo: política y economía van de la mano.

¿Canarias

simulacro?

No es extraño que el género original de la literatura española sea la picaresca. En España, sobresalir con buen trabajo y honestidad es sospechoso: el talento es invitado a emigrar desde la endogamia que cierra cualquier filtro o selección de calidad.

El amiguismo y el enchufismo son prácticas habituales en este país contradictorio y victimista. Antes de terminar, nos queda una pregunta:

¿Queremos una Canarias simulacro

o una Canarias real del s. XXI?

Como siempre, el lector decide.