Venezuela y el

síndrome de Siracusa

 

No deja de ser inquietante una característica de parte de la izquierda europea, comunista y populista (y de algunos que se llamaban independientes), a lo largo del s. XX y que se mantiene en el actual: su fascinación por los regímenes y figuras autoritarios que se revisten como revoluciones, sumergiendo a sus países en una dinámica de caos y violencia que todo lo justifica.

Intelectuales que eran los faros de la juventud de su tiempo, apoyaron una y otra vez sistemas políticos que bajo ningún análisis pueden considerarse mínimamente democráticos.

En ellos, esa aparente lucidez se transforma en una ceguera que ejemplifica verdaderos casos de estudio de lo que puede ser la estupidez humana.

Algunos ejemplos: Sartre y Merleau-Ponty con su posicionamiento a favor del estalinismo y la Unión Soviética; escritores consagrados del boom latinoamericano, como García Márquez o Julio Cortázar, con su apología de la dictadura cubana de Fidel Castro; o, ya entrados los años setenta, un pensador tan agudo como Foucault dando su apoyo a Pol Pot en Camboya.

Si profundizamos en cada uno, podremos dar varios argumentos para comprender el porqué de esa adhesión, pero lo que manifiestan todos es un negacionismo de la implacable realidad –como vemos, el genio filosófico o literario, no exime del síndrome de Siracusa: el que padece un intelectual cuando se aleja de la realidad con un análisis mistificador que todo lo justifica–.

Desde lo anterior, estas preguntas cobran sentido: ¿cómo se puede seguir legitimando el autoritarismo chavista de un personaje como Maduro? ¿Dónde están ahora los intelectuales populistas y comunistas cercanos a la órbita de Podemos y de Izquierda Unida?

Ese silencio cómplice con un régimen repudiado internacionalmente los define; es más, hay algo que ni siquiera han hecho la mayoría de ellos: Platón viajó tres veces a Sicilia, jugándose su vida, para llevar a la realidad sus ideas políticas; éstos no, el supuesto paraíso se ve mejor desde España, aquí aún mantienen un auditorio rentable que les escucha.