Yo estuve en La Luz

(Experiencia cercana a la muerte)

En un día soleado donde todo me parecía luz y alegría, salí tan contenta de mi casa.

No sabía dónde iba.

Tenía una púa incrustada en un dedo de la mano. Entramos en la clínica y un gran Médico amigo de la familia decidió «dormirme» para que no sufriera al sacarme la púa. Recuerdo una mascarilla blanca… y mi llanto desesperado

(tenía 5 años).

Instantes después me quedé profundamente dormida… mi corazón se paró y moríLas consecuencias, fueron las más bellas vividas de mi vida. Entré en un Túnel invadido de Luz Blanca trasparente, fascinante esplendorosa. Mi mirada no se podía apartar de ella. ¡Estaba llena de amor!…

Parecía que me llamaba.

Ha sido lo más bello que he vivido en mi vida. ¿Aquello era El Paraíso? ¿Era Dios? Probablemente lo fuera. No me quería marchar. Quería quedarme allí para siempre. Cuando volví, sentí pena y tristeza, pero cambió mi vida para siempre. Todos los que hemos vivido esa experiencia… cambias de vibración, no eres ni mejor ni peor que los demás… «solo diferente». Esa Luz prodigiosa se queda dentro de ti…

Nunca te abandonará.

Cuando regresas de ese viaje «Espiritual», traes mucha información y unos conocimientos que tienes que compartir y transmitir… darlos a los demás. Siempre amando… queriendo, ayudando… y perdonando.

Tenemos que estar aquí en la Tierra hasta que nos toque marchar. A veces, se traen facultades… de sanar por medio de la oración y a distancia, pero ¡Cuidado! Todos somos «Sanadores» si estamos llenos de amor.

Hoy se puede hablar de toda esta experiencia Médicos, Científicos, Premios Nobel… hablan de ello, porque somos «Pura Energía», y la Energía nunca muere… ni se destruye, ni se pierde…

¡Se transforma!

La muerte no existe, es un paso más a otro plano, a Otra Dimensión que nos espera ¡Con los brazos abiertos llenos de Luz y Amor! El más allá… Luz de amor prodigiosa blanca, esplendorosa, fascinante donde el amor anidaEn ese lugar , la dicha y la felicidad nos aguarda ¡Los brazos se abren!… para que entremos en esa Morada…

¡Dios!